El “Rey de la Casa”

 

 

Hijo o hija único… hasta que llega el hermanito o la hermanita… Da igual el sexo del “Rey” o el sexo del “Intruso”, porque las reacciones suelen ser las mismas; así que hablaré en términos generales.

El problema de los celos infantiles es demasiado frecuente y, en ocasiones, grave, como para tomárselo a la ligera.

Porque es cierto que los adultos tendemos a quitarle importancia y decimos cosas como “es normal”, “ya se le pasará”, “tiene que ir aprendiendo”… y todas esas tonterías que solemos decir cuando tenemos la sensación de que algo se nos escapa de las manos.

Sí… He dicho que se nos escapa de las manos… Porque, cuando hay niños por medio, la mayoría de las veces nos vemos tan sorprendidos con sus “salidas”, que nuestra capacidad de reacción se queda gravemente disminuida.

Vale… Pues sigo con el tema…

Ha sido mucho tiempo… “¡toda su vida!”… el que tu hijo mayor, hasta ahora tu único hijo, se ha sentido el Rey Absoluto del Hogar. Todo giraba a su alrededor…

Y ahora, de pronto, aparece un “Intruso”. Y además, se trata de alguien que ha acaparado toda la atención… Si llora, los adultos corren a ver qué pasa. Si ríe, los adultos hacen fiesta. Si duerme, los adultos imponen la Ley del Silencio. Si está despierto, los adultos sólo le miran a él. Si come, porque come. Si no come, porque no come… ¡Uff!…

Todo esto hace que se sienta como el rey “depuesto”. Le han usurpado el Trono… El enemigo se ha instalado en su Reino… Y esto provoca un deseo incontenible de, en primer lugar, “acabar con este enemigo” y, en segundo lugar, pero quizá lo más importante, de llamar la atención de los padres para que quede claro que sigue existiendo y que quiere volver a ocupar el lugar que tenía… Porque tiene “derecho” a ello.

Y no es cuestión de que vosotros, padres, os hayáis olvidado de él y la hayáis dejado a un lado.

El problema radica en que, si antes erais “sus” papás, quiere que lo sigáis siendo… pero “exclusivamente suyos”; sin compartiros con nadie.

Y no sirve de nada que tratéis de razonar con él… “tú ya eres mayor”… Su percepción de lo que ocurre no admite ningún razonamiento más que el suyo.

Entonces, la única manera de ir calmando los ánimos es hacerle partícipe “imprescindible” de todo lo que ocurre ahora en la casa.

Así, por ejemplo, cuando llegue la hora del biberón, pedirle que os ayude a abrir el envase de la leche… O que, cuando llore su hermanito, os avise… O que, cuando haya que limpiarle, se encargue de sacar de la bolsa el pañal necesario…

En fin, hacerle ver que su ayuda es “de vital importancia” para el buen funcionamiento de la familia; y que si él no estuviera allí, vosotros, los adultos, no podríais haceros cargo de todo.

No desaprovechéis ningún instante, por simple que pueda parecer, para solicitar su ayuda.

Si tu hijo siente que va recuperando su “trono”, no sólo se acabarán los problemas que ahora plantea, sino que se convertirá en el cuidador más atento y responsable del nuevo miembro de la familia.

El Rey ha vuelto… ¡Viva el Rey!…

Sólo que ahora, además… hay también un Príncipe.

 

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