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Una madre me escribía esta semana y me planteaba que su hijo, supongamos que se llama David, de 7 años, había vuelto a hacerse pis en la cama, tras cuatro años “de sequía”; y que esto ocurría desde que a su hermano pequeño le habían ingresado en el hospital para realizarle una delicada intervención quirúrgica.

Al final de su correo, me preguntaba por qué había vuelto a pasar esto y cómo podían corregirlo.

He decidido contestarla mediante este blog, porque entiendo que es un problema que se da con relativa frecuencia y quizá pueda ayudar a otros padres que se encuentren en una situación parecida.

Es más común de lo que pensamos que un niño, a esa edad, retome conductas superadas hace tiempo si cree que, con ello puede recobrar lo que considera una pérdida de “sus derechos”; o sea, una pérdida de cariño, de atenciones, de interés hacia su persona; en resumen: una pérdida de “su Trono”.

Un “Trono” por el que, por cierto, ya tuvo que luchar con uñas y dientes, unos años atrás, cuando llegó a su casa “El Intruso”.

Pues bien. Resulta que ahora, cuando se había relajado y percibía que todo estaba más o menos “en orden”, “El Intruso”, al que ya había conseguido poner en “su lugar”, se ha propuesto otra vez “derrocarle”, poniéndose no sólo malito, sino “muuuuuuy malito”.

Esto, naturalmente, ha hecho que los padres se vuelquen en el enfermo. Y aunque con David hayan seguido actuando exactamente igual, sin duda su percepción de la situación no ha sido la misma y, por ello, está intentando por todos los medios volver a reclamar “lo que es suyo”.

Además, es posible que vosotros, padres, sin daros cuenta, hayáis reforzado esa conducta “inadecuada”, porque, al descubrirla, quizá os hayáis preocupado por el “retroceso” que ha experimentado David; procurando hacer todo lo posible por evitar que suceda.

Vale; pues aquí es donde está el quid de la cuestión.

Partimos de la base de que se trata de un comportamiento reactivo, es decir, que ocurre como reacción ante algo. No se debe a ningún trastorno fisiológico, ni a ningún problema cognitivo o de personalidad; lo cual, como es lógico, suele asustar a los padres.

Por lo tanto, al no deberse a nada “grave” (y tengo que insistir en esto), es fácilmente evitable si se le deja de dar importancia… Tan simple como eso.

Me explico: Si en lugar de estar pendientes del niño para que no se haga pis; si en lugar de controlar el agua que bebe por la noche; si en lugar de aseguraros de que va al baño antes de irse a dormir; si en lugar de poneros el despertador de madrugada, para levantaros y llevar al niño al baño otra vez; si en lugar de retirar las sábanas por la mañana al levantarle, para comprobar qué ha ocurrido; si en lugar de todo eso, actuáis “como si no se hiciera pis”, como si todo fuera igual que antes, sin preocupaciones, sin poner cara de disgusto, sin reñirle ni obligarle a que lleve la ropa a la lavadora, o sea, haciendo caso omiso de esta situación y no diciéndole nada al respecto, pero “nada”, ni para regañarle, ni para disculparle, “vuestro David” empezará a darse cuenta de que así no llama la atención; que eso ya no provoca el interés de sus padres y, por tanto, buscará otra forma de captarlo.

Y es en este momento cuando los padres tenéis que estar atentos a reforzar y a elogiar las conductas adecuadas que realice el niño, las que sí queréis que desarrolle con regularidad, para que “David” se dé cuenta de que con ellas “por fin ha conseguido” lo que se había propuesto: “Recuperar sus Derechos”.

A partir de aquí, y con “su Corona” otra vez “donde tiene que estar”, todo volverá a la normalidad…

Mejor aún… Todos saldréis ganando. Porque él sentirá que ha recuperado vuestra atención; pero vosotros habréis conseguido que realice conductas adecuadas que quizá antes todavía no hacía.

Y colorín, colorado…

 

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