¿Rebeldes… sin Causa? (I)

 

Adolescentes…

Todos hemos sido adolescentes… O sois adolescentes… Y no digo seréis adolescentes, porque lo más probable es que vosotros, los que seréis, no leáis estas líneas…

¿Y qué supone ser adolescente?

Todo empieza con una serie de profundas transformaciones físicas, en un determinado momento de la vida. Pero las cosas no son tan simples como parecen.

A estos cambios físicos a los que, de alguna manera, les suele acompañar un cierto componente traumático, hay que añadirles, además, pero con una influencia decisiva en ellos, la percepción que el adolescente tiene de lo que le pasa y su particular forma de asimilarlo; lo cual es determinante en este proceso de Gran Metamorfosis.

Nos encontramos, entonces, ante una de las etapas más decisivas en la evolución de la personalidad, la cual estalla, sin anestesia ni nada, en este delicado momento de la vida.

Y como sabemos perfectamente CUÁNDO ocurre, vamos a detenernos un poco para ver QUÉ ocurre, CÓMO ocurre y POR QUÉ ocurre.

Tenemos, por un lado, los grandes cambios físicos que experimentamos, que frecuentemente no son del todo de nuestro agrado; y que a veces, muchas veces, nos cuesta aceptarlos.

Luego están las relaciones, en ocasiones conflictivas, con quienes nos rodean. Y en este punto, aparece la aspiración a un cierto grado de independencia y, a la vez, el temor a la misma, por el simple hecho de ser algo desconocido.

Además, nos encontramos con la decisiva presencia de los ambientes familiar y escolar, a veces muy conflictivos, especialmente cuando chocan de forma estrepitosa con la supremacía que adquiere el grupo de iguales.

Se plantea así y se hace más fácilmente comprensible el llamado Drama de la Adolescencia.

Y es ciertamente un Drama, porque nos vemos obligados a debatirnos entre dos posturas contrapuestas: Por una parte, la Rebeldía, como un canal para conseguir afirmar y reafirmar nuestra Personalidad. Y, por otro lado, el deseo de seguir siendo un niño, de seguir sintiéndonos protegidos por nuestro ambiente; especialmente, de cara a las agresiones o los peligros que intuimos o vamos descubriendo en el exterior.

Claro que no siempre el ambiente familiar es un buen escudo protector para el adolescente. Y no es que los padres abandonen a sus hijos o que no sepan protegerles (que también ocurre, pero esto no lo voy a tratar hoy aquí); sino todo lo contrario: A veces se esfuerzan demasiado en lograrlo.

Y el problema está en que, por mucha teoría que se conozca al respecto, lo cierto es que los padres sólo cuentan con la experiencia de su propia adolescencia, y esto, sin duda, no tiene nada que ver con esa otra Adolescencia que les viene impuesta, metida en el cuerpo de unas personas que hasta ese momento encarnaban a sus hijos, con unos problemas muy particulares de la infancia y a los que era fácil cuidar, porque se dejaban, pero que ahora, con esa nueva cáscara, no hay quien los reconozca y, por tanto, a pesar de todos los esfuerzos, se hace difícil su comprensión y su protección.

Entonces… la Rebelión está servida.

Una rebelión contra todo y contra todos; y de manera muy especial, contra ese ambiente familiar que, de pronto, parece como si no nos comprendiera.

¿Os suena todo esto?…

Pues el próximo día os cuento más cosas.

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