El Complejo de Inferioridad

 

 

El otro día me quedé en el esbozo de este Complejo que se presenta más veces de las que creemos, o de las que quisiéramos reconocer…

Pues sigo…

El Complejo de Inferioridad puede tener su origen en un determinado momento de la infancia.

Desde muy pequeños, empezamos a tomar conciencia de nuestro cuerpo, de cómo nos desenvolvemos entre las personas que nos rodean… E inevitablemente, vamos estableciendo comparaciones entre ellos y nosotros.

En este momento tan delicado para nuestro desarrollo psicológico, cualquier pequeño problema o cualquier característica que tengamos y que no nos agrade, o que nos impida realizar algo igual o mejor que lo hacen los demás, se convierte, irremediablemente, en un estorbo.

Y cuando descubrimos esto, se produce una especie de convulsión interna que, en algunas ocasiones, nos lleva a renegar de nosotros mismos… “¿por qué yo?… ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?”.

Simultáneamente, nace en la idea de que eso se tiene que ocultar, para que los demás no se den cuenta de ello y no nos rechacen.

Claro que, como la mejor forma de evitar la crítica de los demás consiste en replegarse sobre uno mismo, parece que nos falta tiempo para hacerlo… Y no nos damos cuenta de que lo que creemos que es la Mejor Solución se convierte en el Más Grande de los Problemas.

Porque este repliegue, este volcarse hacia el interior, supone tener que exponerse de lleno y a bocajarro a la vivencia de la propia personalidad y, por tanto, a lo que más se odia de ella.

¿Qué pasa entonces?

Pues pasa lo peor que puede pasar… Que uno se va metiendo en la Espiral del Conflicto.

Se empieza a experimentar la angustia; la percepción de impotencia ante lo que no se puede cambiar por más que se quisiera; el sentimiento de desolación ante la vivencia de la inutilidad…

Y como en estas condiciones la vida se hace muy difícil… se hace absolutamente necesario protegerse y defenderse.

Para ello, esta persona piensa que lo mejor es poner en marcha una serie de conductas y de actitudes que, al ser totalmente contrarias a lo que le hace sufrir, deberían, en buena lógica, hacer que los otros ya no puedan ver esas características negativas. Pretendiendo, además, que perciban únicamente lo que él quiere que vean; o sea, exactamente lo opuesto a lo que le humilla de sí mismo.

Y cuanto más problemático le resulte lo que se quiere ocultar, mayor será el esfuerzo y más exagerados serán sus gestos para disimular sus “defectos”…

… Y te cuento más dentro de unos días…

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