Soy un inútil…

 

 

Vamos a empezar por el principio… No somos perfectos. Eso es incuestionable. El que destaca en Matemáticas, puede que sea incapaz de arreglar su habitación. El que tiene un físico espectacular, quizá se encuentre con grandes dificultades a la hora de llevar las cuentas de su economía doméstica…

Es decir, todos y cada uno de nosotros tenemos alguna carencia; todos, absolutamente todos, no sabemos hacerlo todo… Pero eso tampoco significa que no sepamos hacer nada, o que no podamos hacer nada.

Como dice el refrán: “Hasta un reloj parado, da dos veces al día la hora exacta.”

Sin embargo, hay personas que creen que no valen para nada. Y el problema empieza cuando ponen ese NADA en mayúsculas… Porque ¿qué viene después?

La Comparación.

Y ya sabemos que las comparaciones son odiosas.

Porque lo cierto es que “a todo hay quien gane”… Sí. Esto es verdad. Si yo canto bien, resulta que hay otro que lo hace mejor. Si tú crees que guisas muy bien la carne, es que no has probado el guiso de tu vecina…

El caso es que, mientras podamos aceptar esta verdad, la cosa va bien.

Pero cuando nos comparamos con los demás, cuando somos conscientes de que ellos hacen las cosas mejor que nosotros y cuando, además, pensamos que lo hacen TOOOOOODO perfectamente, mientras que nosotros no somos capaces de hacer NAAAAAADA bien… ya se fastidió.

A partir de ahí, empezamos a mostrarnos inseguros; nuestra autoestima baja a la velocidad de la luz; nos vemos incapaces; nos sentirnos MENOS que los demás; sólo nos fijamos en nuestros defectos, ponderando en exceso las virtudes de los que nos rodean, y nos sumergimos en el temible Complejo de Inferioridad.

Y ahora me voy a poner en plan erudito para explicaros de qué va todo esto.

Un Complejo es un conjunto estructurado de rasgos de personalidad, que procede de una vivencia personal, o sea, de un modo particular de vivir algo, que se asocia, consciente o inconscientemente, a otros “algos” que se vivieron de forma impactante.

Cuando se desarrolla el Complejo de Inferioridad, nos encontramos, en primer lugar, con un sentimiento de minusvaloración, de incapacidad, de inutilidad…

Este sentimiento puede ser vivido de una forma resignada; y así, nos metemos en un caparazón, nos aislamos del mundo mundial y nos cubrimos con la capa de la invisibilidad.

Pero también podemos vivirlo de una manera angustiosa; percibiendo que todo nos es hostil; que parece que los demás se burlan de nosotros; que sólo están ahí para recordarnos nuestros errores…(¡como si eso hiciera falta!… ¡como si no los conociéramos ya!).

Llegando hasta un punto en que esa persona ACOMPLEJADA necesita protegerse de todo; empezando así a elaborar una serie de mecanismos de defensa que compensen su vivencia de inferioridad.

Y, rizando más el rizo, estos mecanismos de defensa, a su vez, van a constituir por sí mismos otro Complejo, otro conjunto estructurado de rasgos de personalidad, pero, en este caso, en una postura de defensiva superioridad.

… Pero como ya me he extendido bastante por hoy, os contaré más en la siguiente Entrada.

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