Impotencia versus Ansiedad (Primera Parte)

 

Cualquier problema emocional puede afectar por igual tanto a hombres como a mujeres; sin embargo, hay algo que es tan particular que se vuelve muy específico. Los problemas relacionados con el sexo nos afectan de forma diferente en función de nuestro sexo… Aunque los orígenes de estos problemas estén en los mismos conflictos o en los mismos trastornos.

En estas últimas semanas he planteado un problema de la conducta sexual que sólo afecta a las mujeres. Ahora os toca a vosotros… hombres.

Hace unos años… unos cuantos ya, porque fue en el siglo pasado… la Dra. Helen S. Kaplan realizó un estudio en el que llegó a la conclusión de que el 85% de los casos de impotencia masculina, también llamada inhibición del deseo sexual en varones, eran debidos a causas psicológicas.

¿No es para hacer una reflexión al respecto?…

Pero empecemos por el principio:

La erección, técnicamente hablando, es un reflejo neurovascular que depende del correcto nivel hormonal, del adecuado influjo vascular y de un sistema nervioso con un buen nivel de funcionamiento. Un problema en cualquiera de estos aspectos puede provocar trastornos físicos que influyen en la potencia sexual.

De la misma manera, cualquier complicación, ya sea consciente o inconsciente, en las emociones o en los sentimientos del hombre, cualquier reacción de ansiedad o de miedo, pueden alterar los mecanismos fisiológicos que controlan la erección.

Pero la Impotencia no es sólo una falta de erección que imposibilita el coito, dentro del complejo juego sexual.

También puede manifestarse aunque haya una erección adecuada; en este caso, lo que se presenta es un trastorno en la eyaculación (por ser demasiado rápida o por no producirse de ninguna manera), una incapacidad para disfrutar del orgasmo, aunque haya eyaculación, o una impotencia a la hora de engendrar (lo cual ya es fisiológico, debido a la ausencia o a la debilidad de los espermatozoides).

No obstante, y volviendo a los conflictos psicológicos que pueden producir este trastorno, debemos destacar especialmente: la ansiedad, la tensión, el miedo y el estrés.

Quizá os haya ocurrido alguna vez que, habiendo disfrutado con anterioridad de las relaciones sexuales, en un momento dado, y aunque tengáis erección, no habéis conseguido una satisfacción plena, en forma de orgasmo; o, en el peor de los casos, ni siquiera habéis conseguido la erección.

Cada vez son más las ocasiones en que una mujer (u otro hombre) oyen eso de:… “No lo entiendo; es la primera vez que me pasa”.

No os molestéis por el comentario anterior. No quiero hacer una burla. Tan sólo pretendo bromear un poco con un problema que puede llegar a ser muy serio.

Quizá, en alguna ocasión en que habéis sufrido el temible “gatillazo”, os hayáis preguntado:… Si cuando me he masturbado no he tenido ningún problema; si cuando he estado con alguien que me daba igual, he funcionado estupendamente ¿por qué ahora que estoy con esta persona que me importa tanto me pasa esto?

Pues veréis… Porque aquí entra en juego algo más que la simple habilidad amatoria. Algo mucho más complejo que el absoluto conocimiento de las reglas del juego, la destreza y la práctica en la realización de la conducta.

Se trata de algo que se llama ansiedad y que puede adquirir formas tan variadas como: la tensión, el estrés, el miedo, la inseguridad, la autocoacción, etc.

Algo de lo que hay mucho que decir…

Y como se me están acabando las líneas, os emplazo para la siguiente entrada.

Sedme fieles… ¡je!…

4 pensamientos en “Impotencia versus Ansiedad (Primera Parte)

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