Archivo por meses: Diciembre 2015

Cuando el árbol joven se troncha (1)

 

 

Estos días, una vez más… por desgracia… me he vuelto a sentir conmocionada e impotente…

Me he vuelto a preguntar por qué… Cómo es posible… Qué le pasa a nuestra sociedad para que no podamos atajar estas cosas… para que no podamos preverlas… para que sigan ocurriendo.

Entre la gran cantidad de noticias que nos asaltan diariamente… impunemente… desde todos los frentes que tenemos abiertos, porque hoy nuestras “casas”, nuestros “yoes” tienen todas sus “ventanas” abiertas al mundo de par en par… Entre esa ingente cantidad de noticias, digo, muchas de las cuales, lamentablemente, consiguen estremecernos hasta la médula, hay algunas que saltan con una virulencia especial…

Me estoy refiriendo a ésas que tienen como protagonistas a niños y a adolescentes que, de la noche a la mañana, deciden acabar con sus jóvenes vidas y, tal como lo piensan, lo hacen.

¿Por qué?… ¿Qué les desespera tanto para llegar a estos extremos?

Cada uno de estos chavales, evidentemente, tiene en última instancia unos motivos muy concretos… En cada caso, la chispa que hace que todo estalle es algo muy específico…

… Pero todos ellos llevan tiempo arrastrando y sufriendo algo muy intenso, que al igual que una célula cancerígena, va comiéndose todas sus defensas y no da la cara hasta que ya es muy tarde.

Y lo peor de todo es que es algo tan común y tan conocido que, por eso mismo, no nos paramos a pensar en las trágicas consecuencias que puede llegar a tener…

Se sienten INCOMPRENDIDOS.

Cuántas veces les hemos oído quejarse de que los mayores no les entendemos; que no nos tomamos en serio su angustia… Y se preguntan si a nosotros, cuando éramos como ellos, no nos pasó lo mismo… Si no nos sentimos, en algún momento, tan “abandonados” como ellos se sienten ahora, por los que entonces eran nuestros mayores.

A partir de los 10 años, aproximadamente, a veces antes, a veces después, el niño empieza a tomar conciencia de una realidad que no es tan buena, ni tan “guay” como había creído.

Esto les obliga a hacer un gran esfuerzo emocional para adaptarse a ella lo mejor posible y para integrarse en ella con ciertas garantías de éxito.

La percepción que el niño empieza a tener del ambiente que le rodea, como algo hostil y “ajeno” a él, va golpeando su personalidad… Dándose además la tremenda circunstancia de que se trata de una personalidad en pleno proceso de desarrollo… con la vulnerabilidad que esto conlleva.

Si, por poner un ejemplo, un árbol joven, que está empleando toda su energía en crecer y en consolidarse, fuera víctima de grandes vientos, lo más probable es que se torciera y se desarraigara, si sus raíces no estuvieran bien ancladas bajo la superficie.

Vale; pues, salvando las distancias, pensemos ahora un poco en los estragos que puede ocasionar el ambiente en el que se desarrolla un niño… con todas sus trampas y sus exigentes condiciones… si este niño no tiene una buena base, especialmente a nivel afectivo, que le proteja y que le aporte la savia necesaria para consolidar adecuadamente su personalidad.

… Y si ese niño no cuenta con esta “savia“, o al menos, si no lo percibe así, se va metiendo poco a poco en ese pozo que llamamos Depresión y que, a estas edades, se manifiesta con cosas como: una cierta agresividad sin motivo aparente, irritabilidad, tristeza, falta de apetito, desinterés por los amigos y por salir con ellos, mucho juego en solitario, mucho internet… demasiado internet…

¿Pero por qué se meten en ese pozo?

Porque lo cierto es que no se atreven a pedir ayuda…

Y el próximo día te digo por qué.

 

 

“Boda y Mortaja… del cielo bajan” (2)

 

 

Os sitúo…

En la entrada anterior os hablaba de la consulta que me había hecho María, sobre sus repetidos fracasos en todas las relaciones amorosas que había intentado hasta el momento… Me hablaba de su convencimiento de que tales fracasos podían deberse a que la habían echado una maldición, o a que era un bicho raro… entre otras cosas… Y me preguntaba qué podía hacer para cambiar todo esto.

Asimismo, terminé emplazándoos para esta entrada, porque quería transcribir literalmente la respuesta que le había dado a ella…

Pues aquí va… Tal cual…

“No te compliques la vida… Lo mejor que puedes hacer es, precisamente, no hacer nada.

… Con el pensamiento de que todo va a acabar, tú misma te preparas para ello; ya que esa obsesión te lleva, irremediablemente, a cometer errores que desencadenan la ruptura.

… Te sugeriría que vivieras cada día como si fuera único, sin pensar en el siguiente. Aprovecha cada instante de felicidad, sin que te preocupe que se acabe; porque para que pueda venir otro momento feliz, tiene que haberse terminado el anterior; si no, no serían varios o muchos momentos felices; sólo sería uno.

… Cuanto más relajada te muestres en tus relaciones afectivas, mejor irán las cosas; porque al no forzar nada, lo que tenga que suceder ocurrirá por sí solo y con naturalidad.

… Por otro lado, también hay que tener en cuenta que la situación ideal de una mujer (o de una persona, en general) no tiene por qué estar precisamente en una relación de pareja. Hay mucha gente que tiene otros objetivos que les llenan por completo la vida, sin vivir pendientes de si están emparejados o no.

… Además, el que alguien se sienta plenamente realizado como persona es la única condición indispensable para vivir bien; tanto en el marco de una relación de pareja como fuera de ella.

… Así pues, independientemente de lo que sientas por esa persona con la que estás saliendo ahora, plantéate tus propias metas a nivel personal; ponle unos objetivos a tu vida, como mujer independiente que eres… o que debes ser… y encamínate hacia ellos.

… Lo demás vendrá solo… y sólo será un acompañamiento o un complemento a tu vida y al desarrollo pleno de ti misma como persona.

… Piensa en ti misma y por ti misma…

… No dejes que nada ni nadie te condicione.

… Que todo lo que hagas, lo hagas porque tú quieres hacerlo…

… El resto es accesorio… Un complemento agradable y satisfactorio… mientras lo sea, por supuesto… Pero nada más que un complemento.

… Y si tiene que venir, vendrá…

Porque, como dicen las abuelas… o las bisabuelas… que esto no es de ayer ni de antes de ayer, sino que se remonta a la “sabiduría popular” heredada desde el principio de los tiempos

… “Boda y Mortaja… del cielo bajan”.